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5.11.10

decorar los cascotes, de paseo en palermo rúcula

En Palermo Soho impera el hippie que compra libros de arte a 150 pesos, elije una mesa en la vereda de un restaurante decorado con paja y vidrios deformes atendido por camareras con acento concheto, el que juega a estar en Milano desde la adoquinada acera porteña. Las manzanas de Buenos Aires tienen ese desfase.

También tenemos el defecto italiano de los tipos que sacan pecho, gafas negras y bien depilado. El hombre casual de negocios que habla en Blackberry y corre al distribuidor oficial de Apple detrás de un iPad. Porque a los de la manzanita no les cierra desembarcar en Argentina. Y todos los distribuidores se lamen oficiales. Con eso nos alcanza.

Están, además, los que se prometen leer un libro al mes. Esos lectores pragmáticos de redacciones o agencias, de PHs inventados -sin pasillo largo, nada de casa chorizo. Hay que leer a éste y al otro, al del libro en que tal película está basada. Ojealo a ése que tuvo una vida re difícil. Lo que escribe le sale de adentro, boludo.

Todo en este barrio que vecino son muecas de alegría de gente que quiere ser liviana y se acogota con jeans chupines. O se relajan con pantalones cagados. O les llega la data del tiro alto y a ahorcarse como hace mi viejo, no por snob sino por militancia antiestética. Es que además a mi papá le gusta estar bien ajustado.

No estoy criticando. Sólo tengo tiempo al pedo y pongo lo que vi en estos días.