A veces me gustaría ser como esos tipos que tienen una sola pasión. Estoy hablando de los que realmente aman una profesión, una actividad, ya no como un medio de subsistencia ni de prestigio social, sino desde un lugar profundo, auténtico, inseparable de su ser interior.
Uno los ve en las películas. Gente que se caga en todos, que juega realmente fuerte, encerrados entre 4 paredes practicando, practicando y practicando. Creo firmemente en las 15.000 horas de práctica para alcanzar la excelencia en cualquier actividad. El tema es apuntar bien los dardos. Y sólo sobre la marcha sabremos si están bien direccionados.
Mientras tanto, dedico unas cuantas horas a unas cuantas cosas. Inglés, meditación, saxo, blog...
25.4.10
23.4.10
12.4.10
Contate algo
Robert Gupta es violinista de la Filarmónica de Los Ángeles y apasionado de la neurobiología y los temas relacionados con la salud mental. Bautizado como el "Steve Jobs obeso", en la TED Conference de este año brindó una charla acerca de una clase de violín que le había dado a una persona esquizofrénica y de cómo la relación con la música había transformado a este paciente. La palabra es: inspirador.
Pónganle subtítulos en inglés. Junto al botón de play está la opción.
Pónganle subtítulos en inglés. Junto al botón de play está la opción.
Viva la revolución!
Se sospecha que Brian Jones, el guitarrista de Los Rolling Stones, no se suicidó sino que fue víctima de una conspiración interna. Nunca quedó del todo claro. También se dice que Charly García le dedicó Rasguña las Piedras a una novia que enterraron viva. Y no son pocos los que afirman que Elvis, en realidad, esta lavando la limo.
Pues bien, como todo grupo de artistas con mística, la banda Alerta Pachuca está atravesada por un gran enigma: ¿quién impulsó el cantito "Alerta Pachuuuuuuucaaaa"? Sospecho que nunca lo sabremos.
Lo importante, por ahora, es que cada vez llevan más gente a sus recitales, que sacaron un EP muy bueno y hitero y que la popu les pide más temas. Por lo menos, yo, desde la distancia.
Alerta Pachuca - EP
Bájense el disco. Si son generosos, también lo pueden comprar.
La frase "yo sólo quiero salir caminando, por la puerta que da para el lado de atrás", de Welcome, parece cantada por Serrano, de Los Decadentes!
No tan distintos:
Pues bien, como todo grupo de artistas con mística, la banda Alerta Pachuca está atravesada por un gran enigma: ¿quién impulsó el cantito "Alerta Pachuuuuuuucaaaa"? Sospecho que nunca lo sabremos.
Lo importante, por ahora, es que cada vez llevan más gente a sus recitales, que sacaron un EP muy bueno y hitero y que la popu les pide más temas. Por lo menos, yo, desde la distancia.
Alerta Pachuca - EP
1 . Nunca dejes de bailar
2 . Vamonos
3 . Welcome
4 . Ella me enamoro
5 . Por volver
6 . AccidenteBájense el disco. Si son generosos, también lo pueden comprar.
La frase "yo sólo quiero salir caminando, por la puerta que da para el lado de atrás", de Welcome, parece cantada por Serrano, de Los Decadentes!
No tan distintos:
11.4.10
Okuppied
Los okupas en Barcelona son insoportables. Te miran desde arriba, colocados, con sus perros y cadenas, con sus pantalones caídos y su dejadez.
Te miran con desgano, juzgándote, como si conspiraras contra ellos. Como si fueras parte del sistema que los agobia y les coarta sus libertades.
Armados con sus carritos de vieja, se acercan sólo para venderte una lata de cerveza 50 centavos más cara de lo que ellos pagaron.
Comparten oficio con los paquis, aunque yo los prefiero a éstos, ya que son más auténticos, no están en pose, despojados para siempre del glamour contestatario no aspiran a que tengas sus folletos.
El okupa average que vive en Barcelona está siempre enojado. Y ocupa por elección, no por que le falte comida ni para salvarse.
No es boliviano, paraguayo, peruano, no trabaja de albañil, si toma vino en caja es porque quiere -o por pose-, sus padres están realmente preocupados, en resumen, es como Ricardo, el personaje de buena familia que hacía De La Serna en la serie Okupas, con la diferencia que está tabicado a piercings y no tiene la oportunidad de tomarse un tren e ir a bailar a Quilmes.
Te miran con desgano, juzgándote, como si conspiraras contra ellos. Como si fueras parte del sistema que los agobia y les coarta sus libertades.
Armados con sus carritos de vieja, se acercan sólo para venderte una lata de cerveza 50 centavos más cara de lo que ellos pagaron.
Comparten oficio con los paquis, aunque yo los prefiero a éstos, ya que son más auténticos, no están en pose, despojados para siempre del glamour contestatario no aspiran a que tengas sus folletos.
El okupa average que vive en Barcelona está siempre enojado. Y ocupa por elección, no por que le falte comida ni para salvarse.
No es boliviano, paraguayo, peruano, no trabaja de albañil, si toma vino en caja es porque quiere -o por pose-, sus padres están realmente preocupados, en resumen, es como Ricardo, el personaje de buena familia que hacía De La Serna en la serie Okupas, con la diferencia que está tabicado a piercings y no tiene la oportunidad de tomarse un tren e ir a bailar a Quilmes.
Irish
A los irlandeses les fascina andar de jogging. Combinan pantalón con buzo: gris, azul, rojo con tiras blancas; esos son sus motivos preferidos.
También les gusta usar gorros de lana. Tienen pinta de boxeador retirado; sobre todo los jóvenes.
Es muy común ver en las calles a dúos de voz y guitarra. Adolescentes de 17, 18 años con la voz afónica y cercana de mi tío Mario. Te invitan a quedarte mirando, aunque no te puedan dar nada más que una canción de paso.
Estos pibes van de pantalones negros; el que no toca lleva las manos en los bolsillos y estira el cogote como uno de Los Borbotones, con la vena del cuello hinchada mientras frunce el entrecejo evocando las cosas que nunca le pasaron.
La foto muestra a unos niños tocando guitarra y cajón en Belfast. La sacó Chiara.
También les gusta usar gorros de lana. Tienen pinta de boxeador retirado; sobre todo los jóvenes.
Es muy común ver en las calles a dúos de voz y guitarra. Adolescentes de 17, 18 años con la voz afónica y cercana de mi tío Mario. Te invitan a quedarte mirando, aunque no te puedan dar nada más que una canción de paso.
Estos pibes van de pantalones negros; el que no toca lleva las manos en los bolsillos y estira el cogote como uno de Los Borbotones, con la vena del cuello hinchada mientras frunce el entrecejo evocando las cosas que nunca le pasaron.
La foto muestra a unos niños tocando guitarra y cajón en Belfast. La sacó Chiara.
Lituanos
El frío te lleva a nuevos rituales. Ahora, por ejemplo, tomar un tecito enlimonado me genera felicidad. Esperar media hora a que el horno cocine las papas, antes no lo habría soportado, ayer nomás las habría apurado a aceite de girasol. Pero hoy es distinto. Con el horizonte tan abierto necesito mis pequeños simulacros de seguridad.
Es cierto que la seguridad también trae aparejada en mí grandes fricciones. Tres tipos metidos en una habitación, con un hogar a carbón, la tele de 40 pulgadas, los 3 portátiles y comentarios hechos al pasar. Ni siquiera una puta cerveza. Sólo dos lituanos mascando chicle. Uno de ellos se llama Mindaugas y está convencido de que soy brasileño y que el carnaval de Río es una celebración gay (“Lo que no me gusta es que los hombres anden paseándose por la calle y dándose besos”, dice, sin saber, por suerte, que queda mal incluso pensarlo).
Este Mindaugas me empieza a romper las pelotas. No por sus comentarios sino por su risa y sus modales torpes. Y, por qué no decirlo, por haberme transportado a la época de los chascos, esas bromas viscosas de nuestra infancia. Los chascos lituanos, no obstante, son un poco más agresivos. El tipo me ofreció lo que parecía ser uno de esos chicles largos, trident, rectangulares. Sin mirar, agarré el paquete y recibí una descarga. El envoltorio resultó ser metálico. Todo risas, mías también, mientras le decía en bendito criollo: “La concha de tu hermana”.
Es cierto que la seguridad también trae aparejada en mí grandes fricciones. Tres tipos metidos en una habitación, con un hogar a carbón, la tele de 40 pulgadas, los 3 portátiles y comentarios hechos al pasar. Ni siquiera una puta cerveza. Sólo dos lituanos mascando chicle. Uno de ellos se llama Mindaugas y está convencido de que soy brasileño y que el carnaval de Río es una celebración gay (“Lo que no me gusta es que los hombres anden paseándose por la calle y dándose besos”, dice, sin saber, por suerte, que queda mal incluso pensarlo).
Este Mindaugas me empieza a romper las pelotas. No por sus comentarios sino por su risa y sus modales torpes. Y, por qué no decirlo, por haberme transportado a la época de los chascos, esas bromas viscosas de nuestra infancia. Los chascos lituanos, no obstante, son un poco más agresivos. El tipo me ofreció lo que parecía ser uno de esos chicles largos, trident, rectangulares. Sin mirar, agarré el paquete y recibí una descarga. El envoltorio resultó ser metálico. Todo risas, mías también, mientras le decía en bendito criollo: “La concha de tu hermana”.
Notas dublinesas
El coraje consiste en ir a pesar de uno mismo.
El miedo tiene unos pocos centímetros de profundidad.
Un avión de Ryanair es como la cancha de Boca: vulgar y bullicioso; encendido y de prisa; azul y amarillo.

Estamos por despegar. Se acaba el castellano por unos días. ¡Qué miedo! ¡Qué desafío!, me azuzo.
Quiero el cambio a lo Chiara ¿Estaré a tiempo?
De cara a las cosas. Ese es el temido camino. Uno se acostumbra. Y los nervios lo pagan al contado.
(…)
Trato de ver a la azafata que explica, pero se me nubla. Ahora me tapa el azafato irlandés. Tiene pinta de macanudo.
Sigo en la mía, en mi mundo. Si emerjo, olvídense de la escritura. Esto es un sustituto de vivencia, un parche en la frente transpirada.
Empezamos a carretear. En 3 minutos la letra será ilegible. Veamos cuánto y cuán bueno puedo escribir en 3 minutos.
El miedo tiene unos pocos centímetros de profundidad.
Un avión de Ryanair es como la cancha de Boca: vulgar y bullicioso; encendido y de prisa; azul y amarillo.

Estamos por despegar. Se acaba el castellano por unos días. ¡Qué miedo! ¡Qué desafío!, me azuzo.
Quiero el cambio a lo Chiara ¿Estaré a tiempo?
De cara a las cosas. Ese es el temido camino. Uno se acostumbra. Y los nervios lo pagan al contado.
(…)
Trato de ver a la azafata que explica, pero se me nubla. Ahora me tapa el azafato irlandés. Tiene pinta de macanudo.
Sigo en la mía, en mi mundo. Si emerjo, olvídense de la escritura. Esto es un sustituto de vivencia, un parche en la frente transpirada.
Empezamos a carretear. En 3 minutos la letra será ilegible. Veamos cuánto y cuán bueno puedo escribir en 3 minutos.
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