22.9.09

El amor de mi vida

El otro día vi en el flyer a mi alma gemela. Al tipo que quiero ser.

Toca el saxo y el clarinete.

Lo veo junto a sus amigos, colgado el flyer en mi pared junto a unas fotos cortesía de snapfish.

Me encanta que sonría con los ojos, con sus patas de gallo; inclinado hacia adelante, algo impostado, con la cuerda de 10 euros colgando del cuello.

Cuando sea como él espero no estar en esta ciudad. Preferiría estar en una ciudad más hostil, donde no alcance con la buena onda.

En mi mundo real no habría buenas intenciones. Las personas no estarían para cumplir las expectativas de los otros. El Barça le ganaría al Hércules con un gol sobre la hora, de contra. En este mundo Ronaldo el portugués odiaría al padre. Y acabaría como Gascoigne, alcohólico, polémico pero de veras, enemistado con sus hijas.

En este mundo que te digo no habría mensajes de texto. Las cosas se dirían de una y para siempre. Así de inflexible. Volver atrás se pagaría con tareas comunitarias. En mi mundo no existirían edificios protegidos para europeos protegidos. Ernesto Guevara habría dejado el rugby por lesión en la clavícula. Habría viajado a Europa y no a Bolivia. Le dirían "boludo", "guerrissshero", "pijo", todo menos "che". Estaría trabajando en una página web. Haría prácticas como asistente social.

El sueño, en este mundo europeo, no sería "hacerse la sudamérica".

Los andaluces serían metódicos, los catalanes derrochones, los vascos dulces, los sudamericanos no hablarían del tipo de cambio.

Yo no escribiría con música de fondo, con letra, porque me desconcentraría. Y después saldrían estas mierdas. Pero ya fue. Le daría a publicar.

Habré estado de paso

Hay que rajar antes de que la cosa madure. No ser consecuente al modo de un talibán. Hacer un poco de silencio, palpar el latido, e ir hacia donde la fibra diga.

¿Cuántas cosas entran en una cabeza?

El sueño es el de ser un vagabundo. Un paria dotado. Un linyera de culto. Un adolescente a destiempo, demacrado, con arrugas y calle. Un desconectado. Un campeón de cajero en El Raval. Un squat por las propias.

¿Cuánta bronca sabés destilar?

Exponerse es la forma. Abrir hasta el culo. Contar desde las tripas, hasta que no dé más vergüenza. Intentando desentonar, aunque esté moldeado para afinar.

El otro día Kike me contó que escuchó la armónica de un afilador. Esa armónica es triste, yo la conozco, es una mierda. Es mi casa de Colegiales a las 9 de la mañana. Es Delgado al 800 mientras mi papá lee el diario. Yo la conozco. El instrumento de la tristeza en la boca podrida de un hombre podrido, que lo silba mientras pedalea. Y mientras pedalea se mueve la piedra que afila. Y mientras afila el aire, el tipo sigue pedaleando, para no quedarse quieto. Porque quieto se siente peor.

¿Cuánto silencio podés aguantar?

7.8.09

¿Sabés qué extraño, Chester? El empedrado...

5.8.09

La sensibilidad del malo

Cuando te vas a vivir a otro país y las cosas salen bien, una puerta queda abierta. Sabés que lo podés volver a hacer. Y que es muy probable que lo hagas. Y te da la pauta de que vencer los miedos te ensancha el panorama. Hace espacio en tu conciencia. Da lugar a alternativas. A dosis mayores de libertad. Y podés jugar más fuerte sin dejar de ser sensible. Y hasta te animás a dejar la pata. A no ser tan bueno.

15.1.09

Cumbiero intelectual

Cuando empezás a escuchar a Kevin Johansen te dan ganas de trompearlo. Tantos lugares comunes y rimas bilingües baratas en una voz ronca tortugona, te llevan a eso. Pero después de escucharlo un rato la cosa mejora. Te lleva su cadencia. Te hace ver de qué manera un tipo duro, medio aparato, se puede aflojar. Y uno se identifica. Y sabe que debería estar haciendo lo mismo que él. Pero no me animo. Entonces hay que aplaudirlo.

7.11.08

Rotundo

Sigo acá. Estoy en el trabajo, medio mal dormido, medio alegrote, a punto de ir a jugar al fútbol con brasileños, catalanes y vascos. Empieza el fin de semana. Tal vez viaje. No importa adonde. Es con una amiga y tenemos lugar donde dormir. Mi estómago ya está mejor, ya puede beber. Soy un poco otro y un poco el mismo. Hay días felices, y aquí es donde lo expreso y queda registrado. Hay veces en que las cosas van bien y encontramos el lado fresco de la almohada.

3.6.08

Botiquín

Lo que detesto:
  • A los que te van anticipando las frases de los capítulos de Los Simpsons, imitando las voces de los personajes.
  • A las viejas que refunfuñan cuando el transporte público está atestado de gente.
  • A los que dicen: "(...) Porque viste cómo soy yo, ¿no?".
  • A los que dicen: "Argento", "Ispa", "Diome".
Lo que me gusta:
  • Desperezarme y mirar el reloj despertador un sábado o domingo y darme cuenta de que dormí hasta las 6 de la tarde.
  • Las previas largas
  • Reírme y no poder respirar

2.6.08

Giros

En algunas casas, cuando hay visitas, todas las carteras y los abrigos van a parar encima de la cama matrimonial. No sé por qué, pero hay algo profundamente triste y melancólico en esa imagen de mi infancia.

Un varón be

Cada vez que camino paralelo a las vías del subte, sobre la franja amarilla y a pocos centímetros del tren, paso rápido porque tengo miedo de que alguien me empuje.